Energía con resiliencia: diseñar hoy el Chile eléctrico del mañana
El apagón nacional de febrero de 2025 expuso una verdad incómoda: la transición energética no basta si el sistema no resiste, se adapta y se recupera rápido. Tres amenazas y cuatro vías de acción para que la resiliencia sea prioridad de Estado.
Chile ha sido un referente en América Latina en transición energética, con energías renovables que ya superan el 60 % de su generación eléctrica. Sin embargo, en la antesala de un nuevo proceso presidencial, es momento de dar un paso más allá: incorporar la resiliencia como un eje central de la estrategia energética nacional. Porque avanzar en energías limpias no es suficiente si el sistema no es capaz de resistir choques, adaptarse y recuperarse con rapidez.
El reciente blackout del 25 de febrero de 2025 —que dejó sin suministro al 98,5 % de la población, de Arica a Los Lagos, por casi ocho horas— es una señal de alerta ineludible. Una falla en una línea de transmisión de 500 kV desató un efecto dominó que evidenció cuán vulnerable puede ser un sistema cuya estabilidad quedó expuesta frente a una falla localizada pero de alto impacto. Este hecho debe ser el punto de inflexión para repensar la arquitectura energética del país.
Tres amenazas por anticipar
Sobrecarga por electrificación acelerada. La carbono neutralidad exige un país electrificado: calefacción, transporte, procesos industriales. Esto implica redes más inteligentes y robustas. Alemania, con más de 100 GW fotovoltaicos instalados, enfrenta este fin de semana de Pascua 2025 un riesgo de sobreoferta de hasta 3 GW, producto de la generación solar residencial masiva y la baja demanda festiva, según analiza Handelsblatt Green & Energy en su reciente episodio «Strom aus wegen des Solar-Boom?» (8 de abril, 2025). Ante estos desafíos, existen soluciones como sistemas de almacenamiento distribuidos, inversores inteligentes y planes zonales de gestión de red. Chile debe anticiparse a estos retos que llegarán inevitablemente con la creciente penetración renovable del país.
Exposición a shocks geopolíticos y de precios. La volatilidad en los mercados energéticos globales es estructural y puede ser agravada por decisiones políticas. Como analiza Jason Furman en el reciente episodio de Columbia Energy Exchange «Trade War Turbulence and Clean Energy» (15 abril, 2025), los aranceles y restricciones comerciales pueden impactar significativamente el acceso a tecnologías clave como baterías y paneles solares. Chile, con un alto grado de importación de combustibles fósiles, debe construir una base de independencia: almacenamiento estratégico, contratos de respaldo renovable y diversificación de fuentes para reducir dependencia de un solo origen o tecnología.
Ciberseguridad y eventos extremos. Los riesgos de seguridad energética se han intensificado globalmente. El episodio «The new age of Energy Security, Flexibility, and Resilience» de Redefining Energy (marzo 2025) documenta cómo el sabotaje de cables submarinos en el Báltico y eventos climáticos extremos que afectaron un tercio de la red irlandesa ejemplifican vulnerabilidades físicas crecientes. Simultáneamente, en 2024, ataques cibernéticos afectaron sistemas eléctricos en EE. UU., Europa del Este y Asia, causando interrupciones en la operación de subestaciones y plantas generadoras. Chile, con un sistema altamente automatizado, debe avanzar en ciberdefensa aplicada, monitoreo predictivo, y protocolos de respuesta zonales frente a escenarios extremos y ataques deliberados.
Cuatro vías de acción para un sistema más resiliente
Modernización de la red y almacenamiento estratégico. Incentivar almacenamiento de corta (BESS) y larga duración (LDES), sistemas de «grid forming», y la integración de microgrids en zonas aisladas. No solo como respaldo, sino como elementos activos de flexibilidad. Bien integrados, estos sistemas no solo estabilizan la red: también pueden proveer servicios complementarios que mejoran la confiabilidad del sistema.
Sandbox regulatorios y Chile como laboratorio. Tecnologías emergentes como el almacenamiento de aire líquido (LAES, por su sigla en inglés) muestran que, si bien el marco regulatorio actual no es 100 % aplicable a ellas, es precisamente en este espacio donde se puede construir un camino para la implementación de soluciones transformadoras. Chile tiene la oportunidad de crear marcos regulatorios que permitan la adopción gradual y responsable de tecnologías innovadoras que realmente aporten valor estratégico, especialmente aquellas donde el mercado por sí mismo no aseguraría su implementación por razones estrictamente comerciales.
Interconexión regional y redundancia. Explorar nuevas interconexiones con Argentina y Perú, no solo para comercio eléctrico, sino como mecanismos de respaldo mutuo en situaciones críticas. Redundancia no es gasto, es protección. Las interconexiones funcionan como «seguros de estabilidad» que pueden activarse en situaciones de contingencia, como lo demuestra la experiencia europea.
Protección de infraestructura crítica. Mapear vulnerabilidades, invertir en ciberdefensa, y establecer protocolos de continuidad operativa que incluyan simulacros y escenarios de respuesta zonal. La experiencia de países como Estonia, que ha enfrentado ciberataques a su infraestructura crítica, demuestra que la preparación no es opcional, sino esencial.
Una estrategia de largo plazo al servicio del país
Chile tiene la oportunidad de desarrollar un sistema energético resiliente que asegure el funcionamiento continuo de infraestructuras críticas y respalde la electrificación masiva de servicios esenciales como el transporte. ¿De qué sirve una ambiciosa meta de electromovilidad si no se puede garantizar el suministro eléctrico ante eventos disruptivos? La transición no es solo tecnológica, es estratégica. Requiere visión, liderazgo y voluntad de anticiparse.
Los desafíos presentados por la transición energética en Chile no son meros obstáculos; representan oportunidades únicas para la innovación en modelos de negocio y políticas públicas. El panorama está abierto para emprendedores y empresas visionarias que puedan ofrecer soluciones adaptadas a las necesidades específicas del mercado chileno y, potencialmente, replicables en otros contextos globales.
Los desafíos energéticos que enfrenta el país exigen un compromiso con un crecimiento justo, sostenible y resiliente. El sector energético chileno tiene el potencial para transformarse en un sistema 100 % libre de emisiones que funcione de manera confiable las 24 horas del día. «Poner el sol en la noche» no es solo una metáfora: es el imperativo técnico y estratégico por resolver, con la resiliencia como piedra angular del sistema eléctrico del mañana.
En la antesala de un nuevo ciclo político, la resiliencia energética debiera estar entre las prioridades estratégicas de los futuros líderes de Chile. La energía no puede seguir siendo un tema secundario en las agendas presidenciales. La historia reciente muestra que las vulnerabilidades del sistema eléctrico son también vulnerabilidades de la economía, la seguridad y el bienestar del país.
Este desafío no es solo para el sector público. Las empresas privadas y los emprendedores del sector energético tienen la responsabilidad y la oportunidad de desarrollar soluciones innovadoras con visión de país. Junto con proyectos rentables, se necesitan iniciativas que construyan resiliencia y sostenibilidad de largo plazo. Los profesionales del sector están llamados a ser parte activa de esta transformación, aportando experiencia, conocimiento y compromiso con el Chile eléctrico del mañana.
Solo a través de un trabajo conjunto entre gobierno, empresas y sociedad civil será posible construir un sistema energético a la altura de los desafíos del futuro. Quienes entiendan hoy esta realidad serán quienes conduzcan la transición hacia un Chile energéticamente seguro, limpio y resiliente.